Crecimientos y desafíos en el rugby femenino
Por Candela Olaechea
A pesar de los avances hacia la igualdad de género, el rugby femenino aún lucha por derribar prejuicios y lograr la equidad.
Este crecimiento no solo refleja la evolución del deporte, sino también los avances hacia la igualdad de género y la inclusión en el ámbito deportivo. A lo largo de las décadas, las mujeres han demostrado que tienen las mismas capacidades físicas y habilidades para competir en deportes de contacto tan demandantes como el rugby, en los que superan los prejuicios que inicialmente limitaban su participación.
A pesar de los avances significativos en la igualdad de género el rugby sigue siendo percibido en muchas culturas como un deporte predominantemente masculino. Esta percepción se basa en la creencia de que el rugby es una actividad extremadamente exigente y peligrosa, lo que ha llevado a que algunas personas cuestionen la capacidad de las mujeres para participar en este tipo de deportes. En algunos casos, las jugadoras deben enfrentarse a comentarios negativos y estigmatización, incluso de sus propios familiares. Un ejemplo de ello es lo que experimentó Antonella Reding, jugadora del club Echagüe de Entre Ríos, quien recuerda: "A mi familia no le gustaba que me entrenara en rugby por lo que se dice: que es brusco, muy bruto y para hombres. Nunca le di importancia y por suerte de a poco está mucho más aceptado. Hoy somos muchas más las mujeres que lo practicamos y me parece muy bueno que de a poco se vaya quitando ese estereotipo".
Uno de los principales desafíos sigue siendo la falta de recursos en cuanto a la inversión económica. Aunque el nivel competitivo ha crecido, los equipos femeninos aún no cuentan con los mismos presupuestos ni la misma infraestructura que los equipos masculinos. Esto afecta tanto a la calidad de la preparación como a la visibilidad del deporte ya que los salarios de las jugadoras profesionales son mucho más bajos, lo que hace que muchos deportistas no puedan dedicarse al rugby a tiempo completo y deban recurrir a otros trabajos para complementar. . . . sus ingresos.
La visibilidad mediática también sigue siendo una de las barreras principales. Aunque las competiciones femeninas han ganado atención, las transmisiones televisivas y la cobertura en los medios siguen siendo desproporcionadas en comparación con el rugby masculino. Esto impide que el rugby femenino atraiga a más seguidores y patrocinadores, lo que a su vez afecta su crecimiento y sostenibilidad.
El rugby femenino sigue evolucionando hacia la profesionalización, con la creación de más ligas y el aumento de oportunidades para entrenadoras, árbitros y personal técnico femenino. La equidad en el acceso a recursos y el desarrollo de la competitividad son pasos clave para lograr un rugby más justo y equilibrado. Como señala Antonella Reding jugadora de rugby, "La mujer hoy tiene mucha más importancia, voz, mayor igualdad, que es lo que estamos buscando. Por eso se está empezando a darle mayor atención al rugby femenino, no sólo por la parte social, sino también por lo que estamos logrando”.
Para las jugadoras el futuro del rugby es cada vez más favorable ya que cuantas más mujeres se sumen al deporte más crece la visibilidad, las oportunidades a nivel competitivo y el apoyo institucional.

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